José Lázaro Galdiano bibliófilo y editor

José Lázaro Galdiano, bibliófilo y editor

José Lázaro Galdiano fue uno de los más notables bibliófilos españoles de finales del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Su colección de libros sólo se conocía en círculos de aficionados o libreros y, después de su muerte, únicamente algunos estudiosos e investigadores han consultado la Biblioteca de la Fundación que lleva su nombre. Por eso, hasta hace poco, esta afición, en la que obtuvo logros tan notables, era una de las facetas más desconocidas de su personalidad.

Podemos decir que merece el calificativo de bibliófilo no sólo por haber reunido un conjunto considerable de libros, sino también porque en él hallamos las notas que adornan al buen aficionado: la elección de ejemplares raros, bellos e interesantes, la conservación con exquisito cuidado de sus libros y, finalmente, por la suerte que ha corrido su biblioteca, permanecer unida, el logro más deseable para el buen bibliófilo. Gracias a una larga vida, medios económicos notables, conocimiento de la materia y verdadera pasión por los libros logró una biblioteca selecta y nutrida en una época en la que los grandes libreros y propietarios particulares acudieron a él ofreciéndole joyas bibliográficas que atesoró con veneración porque las consideraba reliquias de los grandes ingenios españoles y el reflejo de la estética de siglos pasados.

Detalle de la portada de la revista España Moderna. FLG

Su pasión por el arte y por los libros, iniciada a temprana edad, no decayó a lo largo de su vida, como ocurrió con otra de las empresas más destacadas que emprendió con entusiasmo y con un claro afán cultural: a partir de los veintiséis años se encargó de la dirección de La España Moderna, editorial en la que se publicaba también una revista mensual con el mismo nombre.

Esta labor le ocupó tiempo y le exigió un gran esfuerzo, pero le dio merecido renombre de editor y como tal fue admirado en círculos literarios y por estudiosos de los más diversos temas que llenaron las páginas de su publicación desde 1889 a 1914.

Las firmas de prestigio que intervinieron en los 312 números publicados eran garantía de prestigio y no tanto de rentabilidad, aspecto que no descuidó pero que le preocupaba tanto como el primero. Clarín, Zorrilla, Galdós, Unamuno, Zola y muchos otros mantuvieron relaciones literarias y a veces amistosas -hasta ahora poco conocidas- con el editor en una etapa tan significativa para la cultura española.

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